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Esquizofrenia

2/01/2021 - 

VALÈNCIA. Pues tampoco. Como decenas de miles de ‘sufridores’ aguardaba el choque ante el Granada aferrado a un débil hilo de esperanza pero... no. El de Granada fue otro partido esquizofrénico en el que asistimos, una vez más, a la inconsistencia de un equipo con más voluntad que calidad y a la deserción de dos futbolistas que se se borraron de la contienda cuando más necesario era hacer un voto de responsabilidad. Y así entramos en el Año Nuevo: sumergidos en un brote interminable de esquizofrenia para el que no encontramos vacuna. 

La esquizofrenia es un trastorno mental grave por el cual las personas interpretan la realidad de manera anormal. La esquizofrenia puede provocar una combinación de alucinaciones, delirios y trastornos graves en el pensamiento y el comportamiento, que afecta el funcionamiento diario y puede ser incapacitante. Pues... ahí estamos y así damos la bienvenida a 2021.

Esquizofrenia es digerir como normal que un equipo históricamente solvente como el Valencia CF se vea instalado en la parte más miserable de la clasificación tuteando al descenso y mirando de reojo a equipos como el Valladolid o el Huesca cuando no hace tanto tiempo se codeaba con los grandes de Europa.

Esquizofrénico resulta comprobar cómo un entrenador que ‘cayó de pie’ en Valencia ha dilapidado gran parte del crédito obtenido por no ser capaz de sacar algo más de una plantilla que, pese a estar muy mermada, sí debería ofrecer mayor rendimiento siempre que en en banquillo encontrase un líder que aportase el valor añadido que Javi Gracia no está aportando. Sólo le faltaba esgrimir públicamente el manido recurso de echar la culpa al arbitraje como síntoma inequívoco de la pérdida de control de  una situación de la que no es culpable pero que tampoco está demostrando saber gobernar con la destreza que de él se esperaba cuando lo quisimos ver como el ‘jefe’ que pondría imaginación en el caos.

Esquizofrenia es aceptar que futbolistas que en el Valencia no deberían pasar de ser ‘relleno’ del vestuario para echar una mano en ausencia de los ‘importantes’ se hayan convertido en titulares e incluso en imprescindibles por la sencilla y triste razón de... que no hay más.

Esquizofrenia es asistir de manera repetida a un carrusel de nombres a modo de futuros refuerzos que no llegaron cuando tenían que haber llegado y que, por su entidad ‘futbolera’ no animan a pensar que puedan venir a enderezar el errático rumbo y esquizofrénico resulta el aplauso a un ‘Director de fútbol’ que parece muy ocupado en filtrar que su trabajo sí está hecho cuando los únicos nombres que se baraja son exactamente los mismos que en verano y, además, se trata de futbolistas con una bagaje tan escaso como algunos de los que están jugando, sin merecerlo, en el Valencia a día de hoy.

Pero... siendo como es justo destacar el pobre rendimiento de la plantilla, la escasa aportación de un entrenador engañado y la inoperancia de un ‘Director de fútbol’ que parece más aferrado al sueldo que empeñado en mejorar el equipo como lo está necesitando, conviene no perder de vista el verdadero origen de la esquizofrenia en la que vivimos instalados.

Es la esquizofrenia de un máximo accionista que se ha empeñado en destrozar el juguete cuando ha comprobado que no sabe divertirse con él y de un presidente obcecado en demostrar que cualquier tiempo pasado fue mejor, que, como si se tratase de un perturbado patológico, parece estar disfrutando de la demolición del equipo y de la desesperanza del aficionado y que, como exaltación de su desfachatez, proclama en su felicitación navideña que ‘estamos trabajando mucho para que el valencianismo se sienta orgulloso de su equipo’.

Lo primero que tenemos que hacer en 2021. Antes de apuntarnos al gimnasio, dejar de fumar y empezar el régimen es coger hora en el psiquiatra.

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