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OPINIÓN

Fiesta en Mestalla: solo faltas tú, Guedes

5/03/2019 - 

VALÈNCIA. Mestalla está viviendo una fiesta, sin pasarse, pero una fiesta: dinámica, activa, llena de optimismo, de cierto alivio, de expectación. Las cosas están empezando a asemejarse a una digna temporada, aunque los objetivos están todavía lejos. Eso es bueno: lo necesitaba la afición, Marcelino y el equipo. También Anil y Mateu. Y, hasta si me apuras, Peter Lim, allá donde esté y quiera oír nuestras oraciones.

A la fiesta aún no hemos invitado al gol, porque sigue resistiéndose: a lo mejor es porque como no le dejamos entrar en nuestra contra ha pensado, la pelotita, que tampoco nos pasemos con los goles a favor, pues de compensar se trata. Digo yo, no lo sé. Pero lo cierto es que se está forjando, a conciencia, la coartada perfecta para justificar la irregularidad del equipo, aunque dicha irregularidad no sea tan negativa como en otros años pasados: la verdad es que, a pesar de todo, Marcelino tiene flor, no está bendecido “amb aigüa de tramuços” como diría aquel. Y digo esto porque durante todo el año ha apelado a la continua mala suerte del equipo, pero viéndolo todo con perspectiva, sigo afirmando que es todo lo contrario. Pero bueno: hoy estamos de fiesta. No es como para celebrar nada por todo lo alto, pero sí para que nos sintamos contentos por el volantazo que está dando la temporada. De hecho, hasta puede acabar en histórica más allá de esa cosa que estábamos celebrando… ¿cómo se llamaba?… ¡Ah sí, Centenario! Ufff es que con tanta indiferencia uno acaba olvidando hasta lo que celebra. ¿Os imagináis qué bonito hubiera sido jugar la final en Mestalla? Pues va a ser que no.

Fiesta, decía, a la que se ha sumado la plantilla: Gameiro ha dicho eso de que aquí está él para lo que haga falta, sea asistencia o sea ponerlas en la red. Lo veo más ligero, más suelto, integrado, rápido de mente y de piernas, como si la amortización parcial de su fichaje, ese tantos por cien que ya se han contabilizado, le hubiese liberado los tobillos. Se ha sumado Piccini, que está justificando la paciencia. Parejo, Gayá y Neto organizaron parte de la fiesta y por eso están dándolo todo en la pista casi desde el principio, aunque a Dani le costó algo más. Roncaglia es el invitado inesperado que, para sorpresa de todos, acaba por quedar felizmente señalado como el colega aquel que me encantó conocer y que nos ayudó a organizar un poco las tareas defensivas; y no es que la línea defensiva estuviera mal (de hecho, era de lo mejorcito), es que el argentino la ha hecho mejor con su consistencia, su sobriedad y sus pantalones cortos, que me chiflan. De los demás defensas pues… nada que decir: que sigan bailando así.

Rodrigo se ha puesto en cabina y hace que la música ofensiva del ataque pase por él: ya no solo los goles, sino, sobre todo, la verticalidad del juego, ese control orientado que es capaz de romper una línea defensiva. Aún puede afinar más, pero comienza a estar más entonado. Mina a veces parece desenchufarse, pero ahí está su trabajo y entrega, que son innegociables. No se ha ido de la fiesta ni lo va a hacer, pero debe espabilar cara a gol, porque las ocasiones pasan y ya no vuelven. Cheryshev, Ferrán y Wass se encargan de las luces, de los chispazos solidarios, por si los focos de Soler se apagan de vez en cuando: es verdad que todo futbolista tiene derecho a tener épocas irregulares, pero, a pesar de ello, no puede desistir en la entrega. Soler me deja tranquilo, porque no desiste nunca. Kondogbia quiere sumarse de una vez y no quedarse en la puerta a ver quién entra y quién no, porque también querrá divertirse, digo yo. Coquelin va a lo suyo, y lo suyo es el equipo con mayúsculas: es el que siempre te acompaña a algún sitio por si hace falta. Jaume está de gogó, pero lo digo en el mejor sentido de la palabra, porque me parece el jugador perfecto para tener siempre en una plantilla: bien para pegar un toque a los que olvidan la grandeza de este club; o bien para ser parte del alma de esta fiesta. Lato y Kangin Lee son jóvenes aún y se les deja pasar, pero con prudencia, ya que la euforia excesiva en ciertas edades desvirtúa la realidad. A última hora ha llegado Rubén Sobrino, que nos maravilló en poco tiempo, pero que debe equilibrar su generosa entrega en defensa con su calidad en ataque, aunque le tengo fe.

Guedes, querido, ¿acaso no ves que solo faltas tú en la fiesta? Me honra una cosa del portugués: este señor forzó para irse del PSG para jugar en mi equipo, y eso hace que le tenga fe ciega, pero debe dar más ¿por qué? Porque es el factor diferencial que puede hacer que ganes una copa del rey por una genialidad, que te impongas en Europa por una carrera a tiempo o que quedes cuarto porque los demás equipos sencillamente no tengan un Guedes en su plantilla. El portugués llenará de fiesta Mestalla, lo tengo claro y lo digo ahora, cuando faltan meses aún para dilucidar cómo acabará todo. Tú mismo chaval, el valencianismo está contigo, pero entiende que eres tú quien debe apuntarse a la fiesta y no la fiesta a ti: entonces sí, serás ya un grande, al menos para nosotros.

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