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opinión

Las rotaciones

12/02/2019 - 

VALÈNCIA. Ni éramos tan buenos de golpe ni ahora volvemos a ser unos malos malotes. Ahora ya solo es cuestión de agotamiento mental por parte de la afición: estamos tan tocados de la tensión de la primera vuelta que surgen algunos fantasmas a la mínima. Pero lo cierto es que el equipo no está mal, ni el empate (¿un empate? ¡qué raro!) es tan malo, teniendo en cuenta que la Real Sociedad está siendo un equipo muy solvente fuera de casa y en el fútbol no existen las casualidades, sino las causalidades.

La plantilla se ha ganado un respiro, un voto de confianza, un comodín del público o lo que se nos venga por la cabeza: también el técnico, que ya no da para más tirones musculares cada vez que juega el equipo. Todos podemos respirar un poco más tranquilos, aunque el desastre de comienzos de temporada te ahogue un poco ahora: se defiende mejor que antes, y se ataca con más verticalidad, y se define con un poco más de acierto, pero no mucho más, pues sigues necesitando muchas ocasiones para ver puerta. Está todavía por verse un partido en el que el Valencia CF llegue una o dos veces y meta uno o dos goles. Entonces dejaremos ya de alarmarnos por un empate en casa.

También sería un error si nos dormimos en los laureles: decía Félix María de Samaniego, en la moraleja final de su famosa fábula titulada “La lechera” (ya del siglo XVIII), que “No anheles impaciente el fin futuro: mira que ni el presente está seguro”. Y todo ello porque, como sabemos, la joven lechera se ponía contenta con todo lo que iba a ganar con su leche, y tanto contento hizo que lo perdiera todo por una alegría injustificada. La lectura del Valencia CF puede ser casi la misma: a ver si haciendo cábalas que no tocan, se nos rompe todo, pues, hasta el momento, no estás clasificado en Europa, no has eliminado al Celtic (no has jugado y no sabes qué te espera) y, por supuesto, no te has clasificado para la final de la Copa del Rey. Nada has hecho, pero estás en el camino: asegura, pues, el presente. Y, entonces, ¿qué es dosificar la plantilla? Pues encontrar la manera de seguir dando continuidad de trabajo y de juego al equipo, pero no mirando el futuro, sino la necesidad de un presente continuo. Esto, traducido al lenguaje futbolístico, es eso del “partido a partido” unido a aquella mítica arenga de Luis Aragonés: “ganar, ganar y ganar y después volver a ganar”. Porque en el fútbol de nada sirven los castillos en el aire y, como sabemos, el propio fútbol es como la vida misma.

El rendimiento no puede medirse con la regla del futuro: se debe mirar al siguiente partido pensando en quién puede ofrecerme mayores prestaciones para ese mismo enfrentamiento y ahí sí entra el cansancio acumulado: si tengo un jugador que sé que está cansando, creo que puede ofrecerme un rendimiento más bajo que otro, al menos en intensidad. Y el Valencia CF necesita poner mucha intensidad en el juego, pues esta es una de sus grandísimas virtudes. Ya no se trata de galones ni de estatus, sino de necesidad colectiva, pues si no sabemos jugar esas bazas o mover correctamente esas piezas, el presente se nos cae y, por supuesto, tampoco llegaremos al futuro tal y como queremos. Así que sería un gran error plantear las rotaciones como una solución para futuros partidos: no, las rotaciones deben servir y ser útiles para hoy, para el partido que vas a jugar dentro de una hora. Es conseguir que todos entren en una dinámica de juego, de implicación, de concentración.

Yo estoy satisfecho por cómo la plantilla y el cuerpo técnico han conseguido darle la vuelta a la situación, con la complicidad y el apoyo de la dirección general del club. Creo que todos y todas podemos sentirnos más aliviados con ese cambio de tendencia de resultados, juego y definición cara a puerta. Pero ahora el reto es mantener ese nivel y quizá puede haber cierto cansancio mental y físico, pues el esfuerzo ha sido grande. También vimos el domingo pasado que no se nos permite ni la más mínima relajación, ni tomarnos un respiro, ni pensar, por un momento, que hemos hecho algo. Sin intensidad, somos, otra vez, un equipo de mediopelo, de empates, de encefalograma plano: tienen que saberlo los jugadores, todos. Tienen que sentirlo los jugadores, todos. Tienen que creérselo los jugadores, todos. A eso se le ha llamado, a veces, rotación.

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