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opinión pd / OPINIÓN

El jefe 

30/05/2020 - 

VALÈNCIA. El último mensaje de Ezequiel Garay en sus redes sociales apunta al adiós. El central argentino ya había empezado a cavar la zanja de su despedida cuando, también en sus redes sociales, se posicionó abierta y claramente en contra de la decisión del Club al cesar a Marcelino de manera fulminante pero, aún así, las posturas se acercaron -por su buen rendimiento- hasta rozar el acuerdo definitivo y el propio jugador anunció lo que estaría dispuesto a dar al equipo una vez recuperado de su lesión entendiendo que el Club mantendría su oferta de renovación  pero... su ligamento roto ha terminado por truncar su futuro en el Valencia salvo que, ojalá así sea, haya una negociación de última hora que lo reconstruya. En contra del futbolista pesa su edad, su elevado salario, su apoyo incondicional al ex entrenador y el camión de basura que están esparciendo intencionadamente para dinamitar su imagen. A favor del argentino debería contar la habitual deferencia que suele existir en el Mundo del fútbol no dejando en la cuneta a un futbolista que se ha lesionado de gravedad y hay decenas de ejemplos que justificarían mantener la oferta, con mayor razón, al caer lesionado. Es una cuestión de señorío que debería reinar por encima de cualquier otra consideración aunque, a la vista de la ausencia de sensibilidad de quienes gobiernan el Club y su absoluto desconocimiento de los códigos del fútbol, no parece este un argumento a tener en cuenta pese a que debería serlo. Desde mi humilde punto de vista, lo que verdaderamente pesa o debería pesar a su favor es que -simple y llanamente- es el mejor central que tiene el Valencia, que la inversión que se hizo con el pago de su traspaso está amortizada, que está perfectamente adaptado al grupo y que no habría que pagar traspaso alguno. Es evidente que, si reina la cordura, hay que salir al mercado a buscar centrales se quede o no Ezequiel Garay porque el equipo necesita urgentemente construir una defensa mucho más sólida y, sobre todo, más poblada de centrales solventes: los únicos que aguantan el tipo son el propio Garay y Gabriel Paulista y un equipo de Champions necesita más efectivos que den el nivel que ellos dan pero... puestos a buscar un central y en un escenario económico tan dudoso como el que parece avecinarse ¿Cuánto costaría un central como Garay? Muy caro: La jerarquía defensiva cotiza al alza y, siendo obvio que hay que buscar un ‘jefe’ con más futuro que el de Ezequiel, da mucho vértigo depositar la responsabilidad en una ‘promesa’ sin tener al ‘jefe’ en casa que pueda traspasar los galones en tiempo y forma cuando su heredero esté suficientemente adaptado y cuajado para mandar en la zaga valencianista. 

Aunque los derroteros del actual entrenador vayan por otros caminos, no creo que volvamos a ver un Valencia grande hasta que no se cimiente una línea defensiva sólida y una idea defensiva clara. Ambos parámetros pasan por futbolistas como Garay y por algunos más que deberían venir a apuntalar la retaguardia del equipo. Con Mangala como está y Diakhaby como es, no me parece que traer a dos centrales ‘nuevos’ para acompañar a Paulista sea la mejor receta salvo que los nuevos sean perfil Godín u Otamendi y... teniendo en cuenta que -por la perversa naturaleza de este club de un tiempo para acá- estamos expuestos en cualquier momento a una ‘aventura Correia’, me decantaría por tragar el sapo que Garay dejó con su declaración de amor a Marcelino y plantear una renovación corta pero aceptable para el futbolista que, repito, es el mejor central que el Valencia tiene en su plantilla. Con los números que tiene el equipo en cuanto a goles encajados no caben experimentos ni aventuras en defensa: lo que habría que hacer sería arropar a Garay y Paulista con centrales que, con el tiempo, puedan competirles el puesto. Afrontar otra campaña con dos centrales titulares y otros dos tan alejados de su capacidad sería volver a la ruleta rusa en la que nos hemos jugado el tipo esta temporada que ,además, se ha visto agravada con la irresponsabilidad de no cubrir la ausencia del central argentino. Una temeridad.

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