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El proteccionismo de Marcelino desgasta a Parejo

25/10/2018 - 

VALÈNCIA. En momentos de zozobra como el actual, el entorno de un club se revuelve furioso buscando una diana en la que descargar sus críticas. Expuesto a la crítica y en el ojo del huracán se mueve el capitán del Valencia Dani Parejo mientras a su alrededor gira, otra vez, un tifón de desencanto. El lema que lo acompaña, con la grada dividida entre haters y lovers, se ha convertido ya en un tópico de cualquier conversación o tertulia que se alimente de sus actuaciones: Parejo no te deja indiferente o lo amas o lo detestas. No hay término medio.

Hay algo obvio en el juego del capitán esta temporada: su fútbol apenas tiene ninguna incidencia en el equipo. El de Coslada no es el único que rinde por debajo de sus prestaciones este curso, en cambio, por la trascendencia que debería tener y no tiene -y por el alto número de seguidores y detractores- esta siendo permanentemente señalado por el dedo acusador. A tal calidad corresponde una exigencia. Y su calidad, de esto no hay ninguna duda, es indiscutible. De ahí que soporte una mayor obligación en el juego del equipo que otros como, por ejemplo, Piccini.

Su nivel de popularidad está en horas bajas, lindando con la tormenta que soportó antes de la llegada de Marcelino e incluso sus defensores ya no lo defienden con tanto fervor. 

PILAR DEL 'MARCELINATO'. - Marcelino aguanta esa bandera. No en vano, el Marcelinato se instauró la campaña pasada asentado en torno al metrónomo de Coslada. El técnico reivindica la figura de su ojito derecho cada vez que se le pregunta por él. La última ocasión en Berna, después del palo de empatar con el Young Boys. Marcelino comentó que concebía "un Valencia sin Parejo" pero en su argumentación matizó antes y después de esa frase que los jugadores importantes ganarán con confianza y que sólo la confianza los mejorará y provocará, al mismo tiempo, que funcione mejor el colectivo. En resumen, el sábado en el Estadio San Mamés repetirá Parejo como mediocentro lanzador.

HORIZONTALIDAD. - ¿Qué le sucede a Parejo? El capitán no es el mismo y su juego lejos de seducir, aburre. El equipo se mueve a su ritmo, lento, y su capacidad para filtrar pases y romper defensas aparece muy poco. Esta habilidad se vio en el tramo final del partido del sábado ante el Leganés, fundamentalmente en el pase que desaprovechó Gameiro. Pero pocas veces más se ha visto. La horizontalidad marca su fútbol. El balón parado, una de sus virtudes, apenas luce y en la estrategia, saques de córner o faltas laterales, no pone un balón en condiciones.

SOBREPROTEGIDO PERO EXPUESTO. - Quizás la explicación resida en Marcelino. El técnico en su sobreprotección extrema hacía su favorito lo ha exprimido y lo ha dejado muy expuesto a la crítica. El minutaje que Marcelino le ha dado a Parejo es, viendo su respuesta sobre el campo, excesivo. Lo ha jugado todo: 688 minutos de Liga y 270 de Liga de Campeones. El único que le ha dado descanso ha sido Santiago Jaime Latre, el árbitro que lo expulsó en La Cerámica en la quinta jornada de Liga. 

Un total de 988 minutos adornan su estadística este curso. Parejo, que cumplirá 30 años en abril, no está bien físicamente. Esa es la sensación que da su juego. No está fresco de ideas y le está costando más coger la forma que la temporada pasada. Los minutos que acumula juegan en su contra porque no descansa. La temporada anterior también lo jugó todo. Entonces sumó 3.618 minutos en 34 partidos de Liga y 8 de Copa del Rey. El encuentro que menos jugó, 27 minutos, fue aquel 4-0 de Copa ante Las Palmas en Mestalla.

El desgaste al que lo somete Marcelino, cuando su juego pide un descanso, lo está perjudicando. Parejo juega los partidos grandes y los partidos pequeños. Es imprescindible pero eso lo está lastrando. Marcelino, que podía dosificarlo para lanzar al equipo en los grandes duelos de Liga de Campeones o en los partidos en los que fuera necesario, lo utiliza siempre. Su imagen es la de un jugador agotado que no está fresco ni de piernas ni de ideas. 

EN DUDA LA PLANIFICACIÓN DEPORTIVA. - El empecinamiento de Marcelino en la titularidad de Parejo se explica también desde la ausencia de recambios para el de Coslada, lo que cuestiona la política de refuerzos de esta temporada que ha estado en manos de Marcelino, quien controla y decide las incorporaciones que, económicamente, remata Mateu Alemany. Marcelino no tiene sustituto para Parejo porque él lo ha decidido así y, también, porque la economía, probablemente, no lo permitía. La opción de Carlos Soler, como ha recordado en más de una ocasión, no la contempla salvo en casos de máxima necesidad y lo de jugar con la dupla Coquelin-Kondogbia parece que tampoco.

MERITOCRACIA EN PELIGRO. - En la constante titularidad de Parejo, Marcelino pone en riesgo la meritocracia que ha impuesto en el vestuario. Aquello de que juegan más los que mejor rinden no se cumple con Parejo, algo que puede generar alguna protesta en el resto del grupo donde el centrocampista no es un líder excesivamente fuerte pese a la protección del entrenador. Los mensajes a Rodrigo y a la delantera en global o el ostracismo al que somete a Murillo no los aplica al negativo rendimiento de su capitán. Eso en el vestuario también lo percibe el grupo, aunque el líder entre esas cuatro paredes es el entrenador dentro de un vestuario de perfil bajo en cuanto a carácter que él también se ha encargado de diseñar.

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