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opinión

Hasta los objetivos y más allá

2/04/2019 - 

VALÈNCIA. Hay que ponerse muy al día en esto de hacer cálculos sobre las posibilidades que tiene el Valencia para conseguir algo. No puedo negarlo: está muy bien aquello de poder decir que optamos a un par de cosas frente a aquel terrible panorama en el que luchabas por unos objetivos más modestos. Sí: ese es el camino. Ahora no debemos salirnos de él, porque bendita noticia esta de estar viendo qué numeritos nos quedan por sumar para asegurar la cuarta plaza, para pasar a semifinales de la UEFA League o cómo dosificar a los jugadores para afrontar la final de la Copa del Rey. Está muy bien, porque hacía tiempo que no sentíamos ese subidón de competitividad que nos da el estar vivos en los objetivos y más allá, que dirían en “Toy Story”. La exigencia era esta, por encima de ganar títulos: lucharlos, ser lo suficientemente fiables para que, cuando se tercie, podamos subir al estrado o tarima no como resultado de una combinación azarosa y sorpresiva, sino como fruto de una constancia y una continua presencia en la pugna por los puestos nobles de los campeonatos. En definitiva, el Valencia CF debe ser el Valencia CF ni más ni menos.

No me importa si algunos jugadores se enfadan con un cambio: me inquieta más que no lo hagan y que les dé igual jugar que no jugar, comerse el marrón o escabullirse sin más. Los prefiero enrabietados por no sumar todo lo que pueden y que exijan al entrenador lo mismo que el entrenador les exige a ellos. Esto no es malo en un equipo siempre y cuando, en verdad, todos remen en una misma dirección y con un único objetivo. No les pido que se vayan de cena día sí y día también, pero sí que colaboren para conseguir que la historia de este club quede intacta en su prestigio: que sean más o menos amigos me da lo mismo. Deben seguir pensando, de nuevo, como grabado a fuego sobre su piel, que están en los objetivos y más allá. Que se lo digan una y otra y otra y otra vez.

Se habla mucho del cansancio físico y con razón: llevan mucho recorrido, pero si bien lo miramos la plantilla del Valencia CF no es corta, sino que está descompensada y eso es lo que no permite dar más descansos a los jugadores. Lo sabíamos en la tercera jornada así que nadie puede rasgarse ahora las vestiduras. Pero hay una cosa que yo no comprendo muy bien: el año del doblete teníamos una plantilla veterana, que venía de jugar un buen número de partidos (si quitamos la copa del camino). La liga de entonces era muy competitiva y la UEFA League quizá era un poco menos exigente, pero con un nivel de equipos a estas alturas algo similar. Por entonces el equipo acabó físicamente muy fuerte, aunque no tuvo el desgaste de una Champions.

Lo que quiero decir es que este equipo de ahora es mucho más joven, y sus rivales en copa, excepto los dos de primera, no fueron exigentes. Tampoco las eliminatorias en Europa es que fueran de una intensidad suprema, exceptuando el susto ruso de última hora. Y además la efervescencia de juego e intensidad de varios jugadores llegó tarde, por lo que la temporada no tuvo un pico de intensidad nada más comenzar sino cuando ya llevábamos un tiempo compitiendo. Con esto no estoy acusando a nadie, tan solo les pido a los jugadores un esfuerzo acorde a su naturaleza y condición que atesoran y que les presupongo.

Tenían razón aquellos que dijeron que el fútbol es, en verdad, un estado de ánimo, pues las piernas no te van igual en un caso que en otro: el cansancio es una realidad física que tiende a acomodarnos si la situación no propicia el esfuerzo y la superación constante y personal y el hecho de que el Valencia esté vivo en todo aquello por lo que compite debe ser combustible suficiente para que los jugadores activen un estado físico que se imponga a los rivales. Quizá fuera esto lo que impulsó a aquel Valencia del doblete, más allá de la calidad en plantilla y cuerpo técnico.

Sí, me paro a hacer números casi todas las mañana y casi ninguno me encaja si no tengo en cuenta algo clave: que los demás fallen. Y lo hago poniéndome sobre la mesa ese factor diferencial que es el estado anímico, la sobreexcitación que produce saber que se están haciendo las cosas medianamente bien, pero que tan solo eso no vale, pues el éxito estriba en hacerlo siempre mejor de lo que esperan de cada cual: cumplir con el expediente es una obligación; superar las expectativas, en cambio, es triunfar, porque implica su superación. A esto me encomiendo como valencianista, pues el éxito, el triunfo, está en darlo todo y no escatimar esfuerzos ni parapetarse en la justificación del cansancio o de la acumulación de partidos. Ahí el técnico debes ser implacable, porque este año, sí, debe ser el de los objetivos y más allá.

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