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opinión

Líderes 

Es decir, el plan de este equipo valencianista es que juegue como una colectividad tan bien construida que parezca un solo cuerpo en marcha y ese orden, esa combinación de pluralidades, dé el auténtico sentido a su juego: intensidad, presión, velocidad y precisión. Todo junto confecciona un sistema. Y el sistema aquí es el guía que nos dará liderazgo (¿y el liderato?).

2/10/2018 - 

VALÈNCIA. La palabra «líder» es un anglicismo (adaptación de leader) que se usa para designar a un destacado guía dentro de una colectividad, partido político o grupo social. También se usa -y esto lo determina la adaptación inglesa y el Diccionario de la RAE- para señalar a aquel equipo o jugador que va a la cabeza de una competición deportiva. Si nos ponemos exquisitos y nos ajustamos a su concreta definición, podríamos decir que el Valencia CF no tiene líderes en su plantilla, salvo si a la palabra guía le añadimos el término «entrenador» (que solo designa «al que entrena») con lo que entonces caeríamos en otra contradicción, ya que las decisiones relevantes dentro del terreno de juego (donde el fútbol es fútbol realmente) no las toma el que entrena, sino el que juega (jugador). Es decir, el plan de este equipo valencianista es que juegue como una colectividad tan bien construida que parezca un solo cuerpo en marcha y ese orden, esa combinación de pluralidades, dé el auténtico sentido a su juego: intensidad, presión, velocidad y precisión. Todo junto confecciona un sistema. Y el sistema aquí es el guía que nos dará liderazgo (¿y el liderato?).

Esto, supongo, es lo que Marcelino les habrá inculcado en algo más de un año de entrenamiento: no hay nadie más importante que nadie. Pero al mismo tiempo echa mano de ciertos pilares que, para él, son fundamentales y constituyen un alto porcentaje de liderazgo global. Nos hemos creído este discurso porque los resultados así nos han llevado a pensar, pero ¿se cumple esto? Voy a repasar un poco las situaciones:

1. Rodrigo Moreno es un chico extraordinario, un gran profesional y que ha sabido sufrir para superar muchas adversidades. Este año le vemos algo más alterado, queriendo dar un paso hacia adelante en su caché dentro del vestuario, pero algo ha entendido mal de ese discurso que decíamos antes: recriminar al compañero no es tarea del capitán, ni del subcapitán ni del alférez. No es tarea de nadie, pues cada crítica ostentosa es una grieta más dentro de ese cuerpo único que es el equipo. Rodrigo es un jugador humilde y sería bueno para el equipo que siguiese siéndolo, pues es su éxito.

2. Tres jugadores salieron el sábado a dejar constancia de que ellos quieren ser, por méritos de juego, un porcentaje alto de liderazgo dentro del equipo: Kondogbia, Neto y Carlos Soler. El francés, para mí, es el auténtico capitán de este equipo, porque con su actitud y prestaciones es capaz de arrancarle a los once del terreno de juego unas gotas de orgullo y un empuje fundamentales. Sirve— su mirada— de faro para todos y esto es algo que se debería tener muy en cuenta también desde el banquillo. Neto, con su silencio bajo palos, siempre nos da una vida extra en los partidos y se convierte en pieza fundamental del engranaje. La gran suerte para el Valencia CF es que a su lado tiene otro gran jugador que está a la altura de lo que este escudo requiere: Jaume, que es un león enjaulado que sabe esperar su momento siempre. Finalmente, Carlos Soler ha decidido que quiere ser un gran futbolista y no escatima esfuerzos cada partido, lo pongan donde lo pongan.

3. Daniel Parejo es un jugador clave, aunque Marcelino le ha dado un porcentaje demasiado elevado y quizá esto le ata un poco los tobillos. En cierto sentido se siente demasiado amparado por el compromiso adquirido con el entrenador, pero debería ejercer más de capitán dentro del campo. Se le ve triste, al menos con el balón en los pies, y eso contagia negativamente: un organizador del juego no puede tener tantas pérdidas de balón en situaciones más o menos fáciles y sin una fuerte presión que le obligue al fallo. Y con todo, se trata del jugador como mayor claridad (y calidad) de ideas en su juego y a esto nos aferramos; pero ser capitán no solo es cuestión de llevar un brazalete en el brazo: tus compañeros deben mirarte a los ojos y saber que tiras del equipo cuando está más tocado. No sé si ahora mismo los compañeros de Parejo buscan ese empuje o si, por el contrario, se están lanzando a una aventura casi personal en su juego, con lo que rompe la armonía de ese único cuerpo, líder o guía, que es el sistema de juego de Marcelino.

4. Me apunto el nombre de Gameiro, que parece que quiere tomar más responsabilidad y me quedo con esos tímidos intentos de Guedes, que sabe que le estamos esperando. En defensa aún me falta jerarquía (salvamos a Gayá) y quizá sea la línea en la que me cuesta más ver un porcentaje elevado: seguramente las lesiones de Garay no le dejen tomar esa posición que merece.

Lo dicho, no hay líderes en este equipo: el equipo está pensado para ser el único líder de este colectivo: ¿lo dijo Marcelino? No lo sé, quién sabe…

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