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opinión

La política deportiva del Valencia: si no la haces, te la hacen

31/10/2019 - 

VALÈNCIA. Convivir con el caos, el deportivo, no es nada especialmente difícil. Tal vez lo sea para los aficionados de un club ordenadito y acostumbrado a la estabilidad. Para uno desestructurado, como lo es el Valencia, como lo son casi todos, el caos es un hecho intrínseco. Nos acostumbramos tanto a él que incluso lo digerimos hasta promover invents mentales.

Nos hemos dicho que cuando #LoDelDoblete el Valencia estaba inducido por una armonía que hacía posible elegir en un mismo ciclo a entrenadores cortados por un mismo patrón, que por eso tras Ranieri, Cúper, y tras Cúper, Benítez. Desestimamos, claro, que antes de venir Benítez se intentó con una ristra de entrenadores tan disímiles como Mané o Carlo Bianchi, en una hilera de fracaso en fracaso hasta el acierto final: Benítez.

Predispuestos al caos. Dinamitar un proyecto al inicio de temporada para improvisar sobre la marcha genera vértigo pero nos adecuamos pronto. Inmediatamente vemos trazas positivas y en una semana entendemos la coherencia de traer a Celades (aunque la semana siguiente pensemos lo contrario).

En cambio, lo que es complicado de soportar, insólito incluso, es la ausencia total de una misión. El desconocimiento sobre las coordenadas deportivas del club. ¿Qué se pretende?, ¿cómo se pretende? O, peor, ¿de verdad hay una pretensión? Más allá de la eficacia de los resultados, el plan de Alemany, Longoria y García Toral resultó creíble por la sencillez del mensaje: un equipo estable y compacto / laminación de la disidencia en el vestuario / apuesta por futbolistas de confianza del entrenador / experimentación con valores jóvenes de bajo coste para formarse en otros equipos o en la recámara. Más o menos al gusto, pero reconocible al fin.

El propietario del Lille Gerard López daba la semana pasada un curso acelerado de la importancia de contarle a los aficionados lo que pretendes. O, añadamos el asterisco, de contarle a los aficionados lo que debe parecer que pretendes.

“Yo dije cuál era el proyecto desde el primer día. Era un club endeudado, que había que sacar del agujero. Fui muy criticado por eso. La gente pensó que sólo venía a hacer negocio. Pero fue una explicación honesta. El LOSC, que no juega en la Premier y por lo tanto no tiene 100 millones de ingresos por televisión, tiene un presupuesto de casi 140 millones. Así no se puede vivir solo de los derechos (...) Por eso, la única tecla que tienes para sacarle rentabilidad al proyecto es la compra y venta de jugadores. Para mí la venta de jugadores no es más que la fórmula para reforzar el equipo (...) Ahora la gente ya lo entiende. Nunca dije que no quisiera ganar. Yo quería hacer ventas y fichajes como fórmula para crecer”, decía López en conversación con Conrado Valle. 

Más allá del nombre del director deportivo, ¡dígame qué dirección deportiva quiere tomar! De lo contrario acabaremos pensando lo inevitable: la política deportiva si no la haces, te la hacen.

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