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OPINIÓN | plaza redonda

Una delicia llamada Carlos Soler

14/12/2018 - 

VALÈNCIA. El partido ante el Manchester, más allá de resultar una especia de amistoso con un agradable resultado para el Valencia, sí dejó clara una cosa por encima de cualquier otra. Hubo un jugador jovencito, descarado y con acierto que volvió a conquistar una vez más el corazón de todos los valencianistas. Carlitos Soler fue sin duda el mejor del partido y, a su vez, su mejor partido sirve para que el Valencia empiece a tomar confianza y todos esperamos que ante el Eibar dé una imagen completamente distinta a todo lo que está haciendo en la actual Liga, que sería de una forma evidente dejar de deambular por la competición y empezar a ser consecuente con tu nombre y tu responsabilidad. Y sí, es agradable que uno de los jugadores de casa sea de alguna forma el abanderado del cambio que vivimos ante un Manchester United que francamente daba la impresión que con su torpe juego el señor Mourinho le estaba haciendo un guiño cariñoso a su Peter Lim del alma, presente en el estadio y contento por fin por poder ver ganar a su equipo en vivo y en directo.

SU RENDIMIENTO
Miren, Soler de alguna forma se ha ganado el cariño de todo el personal que siente que el Valencia es su equipo, lo ha conseguido con mucho trabajo y también con mucho acierto. Soler jugó suelto el encuentro y ese descaro fue vital para que su Valencia ganara cómodamente el partido y de alguna forma empezara a reconstruirse de una forma clara y rotunda. Y voy a destacar una faceta del juego que a mí me llamó mucho la atención y que agradezco de forma rotunda al propio Soler y a su capacidad de sorprendernos a todos. Fue en el segundo gol del Valencia cuando don Carlos tomó el balón por el centro del centro del campo del Valencia y dio ese pase a Batshuayi que al final significó el segundo gol del Valencia marcado por un defensa del Manchester en propia meta de forma absurda pero apurada. Y sí, me sorprendió porque en esa jugada donde todo parecía de rebote lo llamativo del caso fue ver a Soler creando una jugada que acabó en gol por el centro del campo del Valencia, no escorado a su banda derecha, y eso de alguna forma ya es mucho ver y mucho decir.

SU POSICIÓN
Hoy estamos de enhorabuena en la previa contra el Eibar y después de ganar al Manchester United con autoridad. Y todo eso apunta a buenos propósitos que deben ser confirmado de forma rotunda y urgente. Y sí, desconozco lo que piensa Marcelino y que piensa hacer Marcelino. Lo más normal y más probable es que Soler juegue ante el Eibar de nuevo pegado a su banda diestra para ayudar con su maestría de alguna forma al juego de Parejo y Coquelin, que parece que serán la pareja elegida por Marcelino de forma pública y notoria. Yo desconozco cuando el entrenador del Valencia, sea cual sea, va a poner a Soler realmente en el puesto que le corresponde por su juego y su descaro. Pegado a banda de alguna manera sí ganamos en esa banda pero nos limitamos el crecimiento en el resto del campo. Yo sí he visto alguna vez jugar a Carlitos Soler en su puesto y cargado de libertad y francamente el resultado obtenido es francamente positivo e invita al optimismo solo de pensar que algún día pueda jugar con descaro en esa posición, la suya, en el centro del campo del Valencia.

REGALO A PICCINI
Bien, sabiendo que me voy a quedar con las ganas sí que debo destacar también lo mucho y bien que se entendieron por la zona derecha el propio Soler y el activo y lúcido Piccini en todas las facetas del juego. Piccini actuó francamente bien, posiblemente su partido más completo, y eso, al margen de la sorpresa general por esa más que digna actuación, sí que demuestra también la gran actuación de un Soler muy inspirado en todas las facetas del juego y aportando su sabiduría al resto del equipo para que estos -y es el caso de Piccini- suban sus prestaciones de una forma formidable. Soler enriquece con su fútbol al propio fútbol de su equipo. Y eso es una delicia. Tenemos un jugadorazo que lo hace todo bien, en ocasiones hasta muy bien, pero siempre con una entrega y un corazón que provoca que sus compañeros también jueguen a más altura de la que se les supone. Un buen jugador es bueno en todas partes. Y eso es lo que le pasa a Soler. Que cada día es más inmenso en su juego. Una delicia.

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